Los movimientos sociales han tenido aportes sustanciales para la construcción epistemológica de la agroecología como práctica y como movimiento social. La lucha por la soberanía alimentaria, es quizá el eje medular que vincula a la agroecología y los movimientos sociales, ahora no solo se disputa el derecho de los pueblos a decidir sobre sus sistemas alimentarios, sino que hay un nuevo campo de disputa en la re-significación del concepto de agroecología ante intentos de cooptación por parte de las empresas trasnacionales que la usan para justificar sistemas productivos agroalimentarios industrializados.

Resumen

El presente documento aporta a la discusión de la agroecología como movimiento social. Las bases que sostienen este escrito surgen de los análisis producidos por los propios movimientos sociales. Se plantea que la agroecología como movimiento social, es una apuesta política que se entrecruza con otros movimientos sociales en defensa por la vida. Este trabajo reconoce a los movimientos sociales en y por la agroecología como un frente de lucha encaminado a la defensa del territorio, la soberanía alimentaria y la construcción de sistemas alimentarios justos, dignos, limpios, diversos y responsables. En este sentido, los movimientos sociales construidos por campesinos, campesinas, mujeres, jóvenes, pescadores, recolectores, investigadoras e investigadores; han aportado y nutrido el cuestionamiento de las formas convencionales de producción de alimentos, no sólo poniendo en entredicho que la producción industrial de alimentos es la respuesta al hambre en el mundo, sino que es posible generar alternativas con justicia social y ambiental.

Introducción

La soberanía alimentaria surge como emblema de lucha a finales del siglo pasado, principalmente por parte de los movimientos sociales campesinos, indígenas y sin tierra, ampliando el debate agrario internacional y como oposición a las políticas neoliberales en el campo. Actualmente, la soberanía alimentaria se entiende como un principio de vida, y, junto a la agroecología campesina, constituye la base de “un modo de vivir, luchar, y resistir contra el capitalismo” (LVC, 2017  https://viacampesina.org/es/la-agroecologia-modo-vivir-luchar-resistir-capitalismo/). La soberanía alimentaria puede ser el punto medular que permite la conexión entre la agroecología y los movimientos, debido a que la agroecología es considerada como “un proceso clave para la construcción de la soberanía alimentaria” (Rosset y Martínez 2016:277).

Para introducir a la agroecología como movimiento social, es preciso introducir de forma general. El Foro Internacional de Agroecología llevado a cabo en Neyeleni en el año de 2015. Dado que fue el escenario donde por primera vez, se discutió que era la agroecología para los movimientos sociales (Giraldo y Rosset, 2016). Se destacó en Neyeleni que las prácticas de producción de Agroecología se basan en principios medioambientales como la fabricación de vida en el suelo, el reciclado de nutrientes, la gestión dinámica de la biodiversidad y la conservación de energía en todas las escalas. Siendo ésta, una apuesta por la vida, donde se disminuye drásticamente el uso de materias adquiridas externamente, como: agrotoxinas, hormonas artificiales, transgénicos u otras tecnologías nocivas. Sin duda, Neyeleni fue un parte aguas para la agroecología entendida como movimiento social.

La declaración del foro cuestiona de forma directa los modos de producción industrial, el modelo corporativo, los intentos de apropiación, la mercantilización de la naturaleza, entre otros temas, que se podrían resumir, en un rotundo ¡no! a los proyectos de muerte. En contrasentido, la apuesta es desde el cuidado de la Madre Tierra, los derechos de los pueblos a conservar vínculos espirituales, el acceso al bien común, el aprendizaje colectivo, la necesidad del reconocimiento de mujeres y jóvenes, las estrategias holísticas, entre otras propuestas. Éste planteamiento cobra gran relevancia por la riqueza del análisis y la diversidad de pensamientos, que en su conjunto construyen el significado de la agroecología para los Movimientos sociales [Ver texto completo en:  http://www.foodsovereignty.org/wp-content/uploads/2015/02/ES-Declaraci%C3%B3n-del-Foro-Internacional-sobre-Agroecolog%C3%ADa-2015.pdf].

La Vía Campesina, considerada como uno de los movimientos sociales más importantes del mundo, ha tenido grandes aportes a la discusión. Ésta propone que la agroecología es: un modo de vivir, una forma de resistencia a un sistema económico que antepone la mercantilización de la vida. Una apuesta que ofrece la respuesta al cómo transformar y corregir los sistema alimentarios ante la producción alimentaria industrial y la denominada revoluciones Verde y Azul, pero que además esta se disputa ante los intentos de cooptación (García y Soler, 2010; LVC, 2015). Esta última propuesta, está aún en construcción, sobre todo considerando la diversidad de significados que se están conceptualizando sobre la agroecología.

En aras de nutrir el debate que se plantea aquí, a partir de los aportes de los movimiento sociales, se proponen los siguiente cuestionamientos ¿Es la agroecología una apuesta política? ¿forma parte de los movimientos sociales o en sí misma es un movimiento?

Se presentan ejemplos de movimientos sociales en el mundo, los cuales han tenido aportes a la agroecología como: La Vía Campesina, la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) en Cuba, la experiencia de la Agricultura Natural de Presupuesto Cero (ANPC) en India, la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC) y la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología (SOCLA). Sin embargo este documento reconoce que existen una diversidad de movimientos sociales en el mundo, cada uno con características distintas, que si bien algunos no enuncian explícitamente a la agroecología como frente de lucha, pueden existir movimientos con prácticas que consideran los principios agroecológicos o que están en diálogo con la propuesta. Dicho esto, es preciso indicar que no se pretende abarcar todos los ejemplos o movimientos sociales en el mundo, sino a partir de los movimientos mencionados con anterioridad, se busca mostrar claves para seguir construyendo los aportes que los movimientos han tenido o tienen, a la propuesta teórica, práctica y epistémica denominada agroecología, y cómo esta puede o no ser una aliada para lograr la soberanía alimentaria.

Movimientos sociales

La propuesta de Revilla (1996:16) “es que un movimiento social es una forma de acción colectiva (es un proceso de identificación), pero no toda acción colectiva es la acción de un movimiento social”. Los movimientos sociales “suelen hablar de algo que no tiene lugar en la sociedad, sobre la ausencia de algo deseable, cuya consecución se busca y conquista en el movimiento y en la reforma de los espacios políticos existentes” (Tapia, 2008:56).

Entre las características de un movimiento social, se puede enunciar “que no tiene un lugar específico para hacer política sino que, a partir de algún núcleo de constitución de sujetos, organización y acción colectiva, empieza a transitar y politizar los espacios sociales con sus críticas, demandas, discursos, prácticas y proyectos” (Tapia, 2008:55). “La peculiaridad de la acción del movimiento social frente a otras formas de acción colectiva (otras identidades reflejadas en las diversas formas de acción de partidos políticos, sindicatos, grupos de interés y de presión) consiste en que el resultado principal del movimiento es dotar de sentido a la acción individual y colectiva. Se puede argumentar que la acción colectiva de organizaciones institucionalizadas obtiene el mismo resultado. La diferencia radica en que, en el movimiento social, como proceso de identificación y como construcción social, se produce (como resultado) la integración simbólica de los individuos cuya voz no se recoge en los proyectos existentes en una sociedad (Revilla, 1996:11)”.

Un ejemplo puede ser la apuesta que plantean campesinas, campesinos, agricultores urbanos, pescadores y pescadoras, pueblos indígenas, pastores nómadas, que han enfatizado en la exigencia no sólo de reconocer sus propias formas de producción de alimentos, sino además, el aporte que sus sistemas productivos tienen ante la crisis alimentaria. El movimiento social, como proceso puede ser una forma crítica de explicar la apuesta de los movimientos sociales sobre las distintas dimensiones de lucha por el derecho a decir, vivir, existir y re-existir en sus propios territorios.

Aunque los movimientos sociales y los movimientos campesinos se han gestado en todo el mundo. “Los movimientos más novedosos y menos tradicionales han surgido en la escena política en toda América Latina” (Almeida y Cordero, 2017:19). América Latina destaca por su papel central no sólo en términos cuantitativos, sino por la diversidad de luchas gestadas y la riqueza de estrategias construidas. Estos movimientos, “especialmente los de base territorial campesina e indígena, han estado haciendo importantes aportes a la comprensión de estas dinámicas y a la acción organizada de resistencia activa” (Toro y Martín, 2017: 15). Los movimientos campesinos se han convertido en la actualidad en uno de los más importantes a nivel internacional (Vía campesina, 2018), cuyas luchas van desde el derecho a la tierra, la defensa ante proyectos extractivistas, la defensa de las semillas, contra los transgénicos, el despojo y la devastación socio-ambiental, la lucha contra el acaparamiento de tierras y la soberanía alimentaria. Sin embargo éstos no son los únicos, existen otros movimientos entre los que se encuentran; los grupos feministas, organizaciones civiles de interés ecológico, por la diversidad LGBTTI2, y grupos de defensa de los consumidores (Almeida y Cordero, 2017:19).

¿Es la agroecología un movimiento social?

Si consideramos la definición de movimiento social como un proceso, que se hace referencia a un concepto abierto, inacabado y a una construcción que se realiza en el tiempo. Donde el surgimiento de un movimiento social revela una insuficiencia en las identidades y voluntades colectivas preexistentes y un deseo de autoafirmación (Revilla, 1996). La agroecología puede ser por sí misma un movimiento social, dado que por un lado, ha contribuido a la revaloración de los conocimientos de los campesinos y campesinas y al diálogo con otros conocimientos, incluidos los científicos hacia la construcción de sistemas alimentarios más equitativos, justos y responsables; y por otro lado, es un concepto política que cuestiona a la “agricultura industrial por promover uniformidad, destruir la diversidad, contaminar la tierra y el agua, dañar la salud humana y empobrecer al trabajador agrícola “(Grupo ETC, 2013:5 En García, 2017).

Según Wesel et al. (2009), el movimiento agroecológico puede ser desde la práctica de agricultores y agricultoras, un movimiento político de la población local para el desarrollo rural, o un movimiento de grupos de agricultores para extender la agricultura alternativa. La agroecología como movimiento social, se va construyendo en un proceso dialógico entre los y las campesinas, los movimientos sociales, los procesos de defensa de los territorios y la búsqueda de una forma crítica y transformadora de los sistemas alimentarios.

La agroecología como movimiento social, se ha gestado por los propios campesinos y campesinas, en el campo, en el huerto, la finca, en la milpa… pero además ha existido una reciente adopción de la agroecología por parte de los movimientos sociales rurales en América Latina y en el mundo (Altieri y Toledo, 2011). En este escenario los movimientos sociales agroecológicos emergen como estrategias de defensa. Cuestionan las relaciones de poder y la exclusión que genera el capitalismo, a través de la agricultura industrial convencional cuyo objetivo es maximizar la producción y las ganancias (Gliessman, 2002). Pero a su vez, destacan las prácticas exitosas y productivas que se generan en las bases, a través de procesos de formación campesina/o-campesina/o y territoriales, y sofisticadas formulaciones teóricas, técnicas y políticas (LVC, 2015). Precisamente la metodología “Campesino a Campesino (CAC)” es una de las estrategias que los movimientos sociales han utilizado para el escalamiento de la agroecología (Rosset y Martínez, 2016), siendo esta quizá lo que ha favorecido que los pueblos estén experimentando radicales cambios en sus territorios mediante dichos procesos sociales (Giraldo, 2018:198). El potencial que ha tenido CAC, tiene que ver con ser una metodología que coloca la familia campesina como protagonista de su destino, pues es ella la que produce y transmite conocimientos, mediante la difusión horizontal y la construcción colectiva de conocimientos, prácticas y métodos (Machín et al. 2010).

Algunos movimientos sociales en diálogo con la agroecología

A continuación se analizan algunos ejemplos de movimientos que han retomado a la agroecología dentro de sus luchas de manera explícita o implícita y que, a su vez, han abonado en la politización del concepto más allá de sólo el empleo de técnicas.

La Vía Campesina

Entre los movimientos sociales que han contribuido a la agroecología encontramos a La Vía Campesina. Una organización internacional resultado de la alianza de organizaciones de productores, trabajadores agrícolas, mujeres rurales y pueblos indígenas tanto en países industrializados como en países periféricos. Está integrado por 200 millones de miembros, conformado por 182 organizaciones y con presencia en 22 países (LVC, 2018).

El aporte central de éste movimiento a la agroecología está en las prácticas y la construcción teórica de la agroecología, se plantea como un modo de vivir, resistir y luchar contra el capitalismo (LVC, 2017).

Aunado a esto, la Vía Campesina ha posicionado el cuestionamiento de la soberanía alimentaria, como derecho a decidir de los pueblos. Pero además, una propuesta política de alternativa agroalimentaria para erradicar el hambre y la pobreza y como modelo de desarrollo rural (Ver www.viacampesina.org). La Vía Campesina (2015) sostiene que las formas de producción de alimentos a pequeña escala basadas en la agroecología generan conocimiento local, promueven la justicia social, alimentan la identidad y la cultura y refuerzan la viabilidad económica de las zonas rurales; defendiendo así la dignidad de los propios campesinos y campesinas cuando se elige producir de manera agroecológica.

Para ésta organización, la agroecología es un apuesta política más que una técnica. Entre sus grandes aportes, ha sido la construcción del concepto de agroecología, mismo que fue enriquecido en el Foro de Agroecología en 2015 en Neyéléni, con la disyuntiva que ahora que finalmente es reconocida existen intentos apropiación. En este sentido La Vía Campesina junto con otras organizaciones luchan contra el intento de cooptación por parte de múltiples instituciones, gobiernos, universidades y centros de investigación, que tratan de definirla sin cuestionar las estructuras existentes de poder, sosteniendo así un sistema alimentario industrial usurpando el término agroecología (LVC, 2013). Es una organización que pone al frente la riqueza de voces que la conforman, donde las mujeres y jóvenes son pieza clave en la construcción colectiva de La Vía Campesina.

Los movimientos sociales, como LVC, ha tomado a la Agroecología con un campo de lucha y al mismo tiempo, una forma de resistencia. Una de las razones es que durante la lucha agraria, con frecuencia es tierra degradada. En algunos casos fueron ellos quienes emplearon prácticas de agricultura industrial y en otros, al recuperar las tierras. En un escenario de este tipo, los campesinos y campesinas están encontrando formas de manejar y recuperar los suelos y los agroecosistemas que han sido severamente dañados por productos agroquímicos (Rosset y Martínez Torres, 2013).

A todo esto, es preciso recalcar que La Vía Campesina ha logrado un proceso integral por la vida. Sostenido por procesos de organización, de lucha por los derechos a la tierra, la búsqueda de vida digna, la formación colectiva, la participación y construcción de foros, la recuperación de tierras, los sistemas de manejo, la manifestaciones públicas pero sobre todo las prácticas. Es decir, los campesinos y campesinas que conforman este movimiento, en su hacer y Ser enfrentan al capital.

Movimiento Sin Tierra de Brasil MST
Al grito de ‘la tierra es de quien la trabaja’ (Lucía, 2016), el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil (Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra, MST) se distingue como uno de los movimientos sociales latinoamericanos más potentes, más organizados, más expresivos y orgánicos. Gestado en el proceso de la democratización del régimen o de la política en sus aspectos más formales. El MST reivindica como su principal bandera el acceso a la tierra y la construcción de una reforma agraria. Entre finales de la década de 1980 y durante la de 1990 el MST fue responsable del proceso de desenmascaramiento de la existencia del latifundio y de sus correspondientes injusticias agrarias, sus acciones culminaron en importantes procesos de desapropiación de tierras y reglamentación de las relaciones de trabajo en el campo (Chaguaceda y  Brancaleone, 2010). En el proceso de lucha, las apuestas van desde procesos de ocupación, hasta manifestaciones públicas sociales, pero además un trabajo fuerte en términos de capacitación y construcción de conocimientos compartidos. Chaguaceda y Brancaleone (2010:266) destacan que el MST busca integrar diferentes perspectivas sociales e impulsar agendas temáticas diversas a través de sectores como: educación, producción, formación, finanzas, comunicación, frente de masas y proyectos nacionales, relaciones internacionales y derechos humanos.

Tan solo por citar un ejemplo:

El Instituto Técnico de Capacitação e Pesquisa da Reforma Agrária (Iterra), donde se ofrecen cursos para que los estudiantes no asuman un papel pasivo, transformándose en constructores de conocimientos e investigaciones. En el modelo educativo del MST, los investigadores y el profesor de la escuela del asentamiento rural son trabajadores rurales, y la escuela debe producir conocimientos encaminados al beneficio y bienestar de los trabajadores a partir de una nueva concepción de la vida rural (Chaguaceda y Brancaleone, 2010:267).

Agricultura Natural de Propuesta Cero

Por su parte, el movimiento Agricultura Natural de Presupuesto Cero por sus siglas en inglés ZNBF es, Según Rosset y Martínez (2013: 12), “parcialmente una respuesta a los severos endeudamientos de muchos campesinos de la India. La idea del ZBNF es utilizar prácticas agroecológicas basadas totalmente en recursos encontrados en las propias fincas, como el mulch, enmiendas orgánicas y diversificación, para romper el ciclo de endeudamiento en las familias campesinas al comprar insumos fuera de la finca”. Khadse et al. (2017) destacan que el movimiento ZBNF ha alcanzado una escala masiva no solo por prácticas agrícolas efectivas, también por una dinámica de movimiento social generada por un proceso de motivación a los miembros de este movimiento social a partir de un movimiento carismático en la India. El ZBNF, es un movimiento campesino de base en India (sobre todo en Karnataka, con aproximadamente 100 mil campesinas y campesinos participando), pero a su vez es una serie de prácticas agroecológicas. El termino presupuesto hace referencia a créditos y gastos, por lo que cero presupuesto significa sin uso de crédito alguno y con la naturaleza, esto último hace referencia a agricultura natural (Nyeléni S/f).

Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP)

Creada el  17 de mayo de  1961, en el marco del su Primer Congreso, al amparo de las leyes revolucionarias y en su Reglamento general se define que por voluntad y decisión expresa del campesinado cubano, es la organización de masas de los cooperativistas, campesinos y sus familiares, cuyos intereses económicos y sociales corresponden con el desarrollo armónico de la construcción del  Socialismo; sus proyecciones están basadas y orientadas hacia el cumplimiento de la política agraria de la  Revolución ( https://www.ecured.cu/ANAP).

La ANAP, como movimiento ha logrado una transformación agroecológica en Cuba, (aunque no en su totalidad). El país “logró sobrevivir a través del retorno de la gente al campo, las prácticas de tracción animal, los medios biológicos de control de plagas y las medidas parciales conocidas como sustitución de insumos. Además de ello, fueron importantes los cambios respecto de la tenencia de la tierra y las nuevas formas de organización productiva que surgieron” (Machín et al.2010:11). Ante un escenario de una gama de técnicas agroecológicas, garantizar la socialización en la ANAP fue posible mediante la implementación de la metodología CAC, que es quizá uno de los aportes centrales tanto de los movimientos sociales como a la agroecología para transformar los sistemas agroindustriales. La ANAP, al retomar la metodología CAC, ha realizado adaptaciones, modificación y nuevas estrategias que sin duda nutren a la agroecología como movimiento y práctica.

Procesos de resistencia por y desde la agroecología

En este sentido, la agroecología desde los movimientos sociales, como la Vía Campesina, denuncia las desigualdades que existen en el sistema alimentario convencional. Reconoce las otras formas de producción de alimentos y propone una reconfiguración de los sistemas agroalimentarios, más justos, limpios y dignos tanto para las/os productoras/es como para las/los consumidoras/es.

La agroecología mediante principios y no recetas, busca la soberanía alimentaria y propone “responder mejor a los desafíos ecológicos y ambientales dentro de sistemas de producción agrícola relativamente especializado” (Wezel et al. 2009). La agroecología, Según García y Soler (2010:47), cuestiona la expansión de los monocultivos producido por la agricultura industrializada, que simplifica los agroecosistemas y rompe los equilibrios ecológicos en los que se basaba la productividad de los mismos en ausencia de insumos industriales (García y Soler 2010:47).

Uno de los principales frentes de la agroecología como movimiento social, está en los movimientos alimentarios actuales, que responden a las crisis sociales, económicas y ambientales desatadas por el régimen alimentario corporativo (Holt y Shattuck, 2010:113). Estos últimos, son cuestionados por los procesos que traen consigo, entre ellos se puede destacar que: promueven el despojo de las tierras, el acaparamiento, la explotación de los cuerpos, los desequilibrios socio-ambientales, la injusticia social y la fractura de los ciclos biogeoquímicos que existen en la naturaleza. Por su parte, La Vía Campesina (2015), plantea que la agroecología se basa en “principios ecológicos como la preservación de la vida del suelo, el reciclaje de los nutrientes, la gestión dinámica de la biodiversidad y la conservación de la energía en todas las escalas, pero además, genera conocimiento local, promueve la justicia social, alimentan la identidad y la cultura y refuerza la viabilidad económica de las zonas rurales”.

En este proceso, la agroecología es un movimiento hacia la construcción de la soberanía alimentaria, para garantizar el derecho que tienen los pueblos a decidir su propio sistema alimentario y productivo, pero que además cuestiona las formas de producción, exigiendo que los alimentos deben ser nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica. En suma, se pone en el corazón de los sistemas y políticas alimentarias a quienes producen, consumen y distribuyen, por encima de las exigencias de los mercados y de las empresas (Nyélénil, 2007).

Aunque cada vez son más los movimientos que se unen a esta apuesta y los aliados con posturas críticas van en aumento, es preciso destacar que actualmente la agroecología está siendo apropiada, por parte de instituciones, asociaciones civiles, gobiernos y políticas; quienes usan la “agroecología”, para reducir el concepto a una mera propuesta de tecnologías que suavizan la crisis de sostenibilidad de la producción alimentaria industrial, que no desafían las estructuras de poder existentes y que es usada como un mecanismo de justificación del sistema alimentario convencional mediante un discurso ecologista” (Vía campesina, 2015). “La postura es clara por parte de los movimientos sociales, “no es agroecología” las propuestas llamadas “agricultura climáticamente inteligente”, “intensificación sostenible o ecológica”, producción industrial de monocultivos de alimentos “orgánicos”, etc” (LVC, 2015). 

¿Se están gestando nuevos movimientos sociales en la agroecología?

Plantear este cuestionamiento tiene que ver con la conceptualización de movimiento social como proceso, el cual considera el papel de los movimientos sociales para visibilizar nuevas temáticas no enunciadas, y cuyo resultado principal es dotar de sentido a la acción individual y colectiva. En este sentido se plantea ¿Cuál es el papel de la ciencia al interior del movimiento social agroecológico?

Esta propuesta de plantear la posible gestión de movimientos sociales por la agroecología desde lugares concretos como la academia o las mujeres, invita al cuestionamiento para seguir construyendo el debate de la agroecología como movimiento social. Pero sobre todo para que se haga desde los propios movimientos los referentes o principios que permitan delimitar lo que es o no un movimiento social agroecológico, sobre todo destacando que la agroecología en el ámbito institucional y en los movimientos sociales “está de moda” ( http://agroecologia-socla2015.net/d2-entre-la-institucionalidad-y-los-movimientos-sociales-la-coyuntura-internacional-actual-para-las-agroecologia-peter-rosset-ecosur-mexico-red-de-investigacion-accion-sobre-la-tierra-v).

Sin duda es necesario trabajar por posicionar a la agroecología como práctica y movimiento social, pero a su vez puede convertirse en una necesidad de alto riesgo, dado que reconocerse como movimiento agroecológico o con prácticas agroecológicas, no garantiza que así sea. Este es un desafío que implica un análisis desde los propios movimientos sociales, pero además un posicionamiento de los grupos académicos aliados de los movimientos sociales agroecológicos.

La lucha por la agroecología se puede ver en la construcción de discursos, la creación de alianzas o redes de trabajo como el grupo de masificación de agroecología (Ver https://www.ecosur.mx/masificacion-agroecologia/casos-emblematicos/), en los procesos de defensa por las semillas e incluso en la construcción de políticas para posicionar y buscar garantizar la soberanía alimentaria.

Nuevos actores están disputando a la agroecología, como por ejemplo; La Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología (SOCLA), organización que tiene el papel clave de apoyar el movimiento agroecológico de América Latina. En este sentido, considera como centro de sus análisis la relación dialógica entre la academia y las experiencias locales, donde los campesinos y campesinas son los principales actores ( http://www.leisa-al.org/web/index.php/socla/3040-vii-congreso-latinoamericano-de-agroecologia-primera-convocatoria). Esta organización de carácter regional, interactúa y potencia actividades conjuntas con otras Sociedades y organizaciones involucradas en la promoción de la agroecología. Su trabajo de promueve actividades de capacitación, investigación y difusión de la agroecología ( https://www.socla.co/) y paralelamente en el diálogo de saberes también está contribuyendo a la construcción teórica de la agroecología. En este sentido puede ser SOCLA y otros grupos académicos que trabajan de la mano con los movimientos sociales, un movimiento por la agroecología, pero además un movimiento dentro de la ciencia por una ciencia para la gente y no una ciencia al servicio del capital.

Mujeres como movimiento social en la agroecología

Al debate anterior, se une también la pregunta ¿cómo participan las mujeres en los movimientos sociales agroecológicos? El aporte de las mujeres en la agroecología como movimiento social, ha sido poco enunciado, sin embargo, existen evidencias que muestran su papel central en la agroecología especialmente, el relacionado con su rol en la soberanía alimentaria. Las consignas, ¡Sin mujeres no hay agroecología! y ¡Sin feminismos no hay agroecología!, son formas de expresar y poner en el centro del debate el aporte que las mujeres han tenido a lo largo de la historia en la agricultura, pero que ésta se ha desdibujado en los movimientos sociales agroecologistas.

Evidentemente el planteamiento es una provocación desde las propias luchas de las mujeres, pero a su vez es una apuesta por la construcción de una agroecología que cuestione las relaciones de poder basadas en el género y en intersección con la clase, etnia, lugar, edad dentro de los mismos movimientos sociales. Ante este panorama, La Vía Campesina desde la Asamblea de Mujeres de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones Campesinas (CLOC) ha resaltado que las mujeres y sus saberes, valores, visión y liderazgo son críticos para avanzar en la agroecología, reconociendo además el acceso más limitado a los recursos que los hombres. Asimismo, se ha discutido sobre cómo los trabajos que realizan las mujeres no son valorados ni reconocidos en el campo y la ciudad. Se puede decir, que, dentro del movimiento de La Vía Campesina, hay también un movimiento de mujeres, el cual subraya sobre la urgente necesidad de garantizar la distribución equitativa de poder, tareas, toma de decisiones y remuneración, para que la agroecología alcance todo potencial [Para mayor información al respecto Ver. Ecofeminismos en la Flor. Trevilla, 2018).

“Las mujeres y sus conocimientos, valores, visión y liderazgo son capitales para poder avanzar. Con demasiada frecuencia no se reconoce ni se valora su trabajo” .

(Neyéléni, 2016)

Marzo de 2018 la ola de movimientos de mujeres

Desde hace algunos años, los movimientos de mujeres han cobrado más fuerza ante el embate de las políticas económicas que atentan directamente contra sus vidas, territorios y cuerpos. Durante el año 2018, se convocó un paro internacional el 8 de marzo cuyo lema fue: Si nosotras paramos, se para el mundo. El objetivo ha sido destacar las demandas desde las mujeres frente a un sistema económico voraz y destructivo.

En dicha coyuntura, el movimiento de las mujeres en la agroecología se hace evidente también a través del llamado al “Encuentro Internacional de las Mujeres que Luchan” convocado por las mujeres zapatistas y llevado en el Caracol de Morelia en el Estado de Chiapas, México. De manera previa, mujeres de distintos países que participan en la agroecología y que integran la Alianza de Mujeres en la Agroecología (AMA-AWA), se reunieron en San Cristóbal de las Casas Chiapas en el “Encuentro Mujeres por la agroecología y la soberanía alimentaria”. En ambas reuniones compartieron el que hacer de las mujeres en la agroecología desde distintas geografías y lugares de enunciación. Asimismo, a través del conversatorio -organizado por el grupo de Masificación de la Agroecología de El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR)- “Feminismo campesino, indígena y popular; agroecología y juventud”, las voces de mujeres que integran movimientos campesinos3 tuvieron lugar para anunciar la importancia de las mujeres en las prácticas agroecológicas y dentro de los movimientos sociales en los que participan.

Estos son solo algunos ejemplos, de los espacios y reflexiones que van creándose desde las mujeres, campesinas, científicas, activistas, indígenas, afrodescendientes, quienes con sus experiencias propias, coinciden que la agroecología implica la justicia social, las mujeres y los feminismos campesinos, indígenas y populares.

En otros países de América Latina también se muestran evidencias de las mujeres participando y nutriendo los movimientos sociales desde sus propios saberes, experiencias y reflexiones, como mencionan los hallazgos de García y Soler (2011), quienes plantean que, la participación de la mujeres en la agroecología, genera un escenario creador de nuevas relaciones de género dentro de las comunidades campesinas.

Éste análisis se puede nutrir con la mirada de Federici (2013:115) quien destaca que “las mujeres son las agricultoras de subsistencia del planeta, por que las mujeres producen la mayor parte de los alimentos consumidos por sus familias (directos o indirectos)”. Estimar el alcance de la agricultura de subsistencia y, por ende, el alcance de la participación de las mujeres en la agroecología es complejo, sobre todo, como lo menciona Federici (op sit), porque en su mayor parte no se trata de un trabajo asalariado, ni se produce en granjas formales y muchas mujeres no perciben que esto sea un aporte, además que el trabajo doméstico y de cuidados no se contabiliza por el capitalismo. Entonces evaluar en términos estadísticos cuántas mujeres aportan a la agricultura de subsistencia sigue siendo una tarea compleja. En la agroecología, aunque hay aportes significativos todavía hay un camino por recorrer. En este trabajo, nos interesa insistir en la resignificación, reconocimiento, identificación y posicionamiento de las mujeres en la agroecología y en los movimientos sociales. Saber cómo las mujeres aportan en la agroecología tal vez podría implicar un larga investigación mundial para responder esta pregunta, pero quizá bastaría con preguntarnos ¿quién sembró esos alimentos?, ¿Quién los cuidó? ¿Quién alimentó a esos hijos e hijas que hoy trabajan en los campos?, ¿Quiénes son las que se quedan en los pueblos, países y ciudades por las grandes migraciones que ocurren?, ¿Quién vende los productos en los mercados? Estas preguntas tienen que ver con la anulación de los trabajos de cuidados que realizan las mujeres para garantizar la reproducción de la vida y en la agroecología.

En el caso del movimiento social agroecológico desde las mujeres, se da en distintas escalas; en muchos de los casos a nivel de grupo doméstico, o en movimientos más grandes como lo es en el caso de la alianza de mujeres en la Vía campesina (Ver  https://viacampesina.org/es/chile-declaracion-reunion-mujeres-iv-conferencia-alianza-por-la-soberania-alimentaria-de-america-latina-y-el-caribe/). Las mujeres sin enunciarse de forma concreta como movimiento social es posible que estén construyendo y disputando la agroecología desde sus propios lugares de resistencia: el campo, la milpa, los huertos, la ciudad, la escuela, la defensa de semillas, los feminismos comunitarios e indígenas y la academia.

Consideraciones finales

En un contexto mundial de crisis civilizatoria, donde se priorizan los intereses del capital sobre la reproducción de la vida, la agroecología se plantea como una posible “transición civilizatoria” (Giraldo, 2018:198), pero a su vez se ha convertido en sí misma como un territorio en disputa (Vía campesina, 2017; Giraldo y Rosset, 2016). Las diversas organizaciones y movimientos internacionales de productores en pequeña escala y consumidores de alimentos, incluyendo campesinos, pueblos y comunidades indígenas, cazadores, recolectores, agricultores familiares, trabajadores rurales, pastores y pastoralistas, pescadores artesanales, y pobladores urbanos; están construyendo estrategias conjuntas para promover la agroecología y protegerla de los intentos de cooptación ( Vía campesina, 2015).

Los movimientos sociales que se han declarado a favor de la apuesta por la agroecología, se entrecruzan con otros movimientos sociales por la lucha de la tierra y el territorio. Las experiencias de La Vía Campesina, el MST, la CLOC, ZBNF, la ANAP, SOCLA y AMA-AWA, constituyen algunos ejemplos de las formas de resistencia y re-xistencia que vienen abanderando algunos movimientos sociales en distintas partes del mundo.

Es entonces ¿La agroecología una apuesta política? ¿Forma parte de los movimientos sociales o en sí misma es un movimiento? Consideramos que son los propios movimientos sociales los que pueden construir, cuestionar o tener una respuesta ante estos interrogantes. Sin embargo, aquí sostenemos que la agroecología como movimiento social es una apuesta política para resignificar los sistemas agroalimentarios, lo cual puede darse a escala local y, a veces, trascender hacia movimientos más grandes, con el fin de poner en el centro la sostenibilidad de la vida y garantizar la soberanía alimentaria de los pueblos.

La lucha de los movimientos sociales agroecológicos se da en las prácticas, redes, encuentros, mercados, intercambios de semillas, demanda de reformas agrarias, creación de huertos en las ciudades y los pueblos, el resguardo de semillas nativas, la recuperación de suelos, la enunciación de las mujeres, el posicionamiento de la soberanía alimentaria en encuentros y convenciones, la formación de redes en la investigación, el cuestionamiento de sistemas alimentarios agroindustriales, el posicionamiento del tema en debates internacionales, la construcción sociedades de investigación y los procesos de formación de y entre los movimientos sociales, pero sobre todo de campesino a campesino, de campesina a campesina.

Mientras unos pocos modifican semillas, mientras unos llamados grandes nos despojan de nuestras tierras, mientras la industria nos vende agroquímicos, mientras el discurso de que somos muchos los hambrientos del mundo se enuncia en los textos, conferencias y foros; mientras eso ocurre, nuevas semillas están germinando. No Sabemos con exactitud cuántos somos, a veces ni siquiera sabemos que se llama agroecología, pero sí sabemos, que sin nosotros el mundo no comería. Somos mujeres, hombres, jóvenes y niños, somos sembradores de nuevos caminos. Quizá somos tantos o quizá somos pocos, pero lo que juntos y juntas vamos construyendo es una siembra por la vida. 

Fuente: IvettpeñaBiodiversidad LA