Hemos visto cómo son cada vez más agresivas las campañas y estrategias del agronegocio para posicionar sus estrategias comerciales, su tecnología destructiva y sobre todo su visión económica que se encuentra totalmente alejada de la ecología, de la biodiversidad que hemos sabido pintar en el paisaje los campesinos, indígenas y afro de la mano con la naturaleza. Desde la organización campesina vemos la necesidad de que la lucha por la soberanía alimentaria se ejerza desde todos los espacios posibles; que llegue a debate en todos los territorios, pero no solamente en los territorios campesinos. 

Es fundamental que llegue a los territorios empoderados por los trabajadores en las ciudades. En los espacios donde haga falta consolidar formas de gobierno local en manos de trabajadores y trabajadoras es necesario tener en cuenta la soberanía alimentaria como medio para organizar acciones, formar conciencia frente a la producción y consumo responsable de alimentos y emprender acciones que fomenten cambios o estructuraciones de políticas publicas referentes al tema. Miramos con preocupación que países como México, Colombia, Perú, Chile, Honduras y El Salvador han sufrido en las últimas décadas un proceso de invasión de productos comerciales por debajo del costo de producción local, que han acabado con las pequeñas empresas, han generado desempleo y han provocado un proceso de descampenización.

También preocupa a las organizaciones campesinas el avance de la lógica agroindustrial y mercantilista del sistema agroalimentario de las corporaciones multinacionales, pues cada vez abarcan más medios productivos. A esta lógica de acaparamiento económico y despojo de las riquezas de los territorios campesinos, indígenas y afro, se le suma la grave situación de violencia y atropello de los derechos humanos, siendo el campo colombiano uno de los casos más agudos. 

En lo que va desde la firma del acuerdo de paz en 2016 hasta la fecha han sido asesinados más de 900 líderes y lideresas sociales, esto a causa de la disputa territorial entre el modelo extractivista minero-energético y/o agronegocio contra el modelo de la agricultura campesina, la producción campesina a agroecológica.

La confrontación entre el modelo de agronegocio y la agricultura campesina se vive tanto en los territorios como en el espacio político a nivel internacional; es por ello que La Vía Campesina en febrero del 2020 planteó, mediante un comunicado, la preocupación ante la realización de una Cumbre de Sistemas Alimentarios de la ONU para el 2021. Las comunicaciones oficiales de ONU dijeron que La Cumbre tiene como objetivo maximizar los beneficios de un enfoque de sistemas alimentarios en toda la Agenda 2030, hacer frente a los desafíos del cambio climático, hacer sistemas alimentarios incluyentes y apoyar la paz sustentable.

Desde el anuncio, muchas organizaciones campesinas, organizaciones de la sociedad civil y organizaciones no gubernamentales (ONG) han expresado su preocupación por la falta de transparencia en el proceso que condujo a la Cumbre, incluido el nombramiento de la señora Agnes Kalibata, actual presidenta de la Alianza por una Revolución Verde en África (AGRA), como Enviada Especial de la ONU para la Cumbre. Además, es evidente que el proceso sigue adelante sin la participación de todos los Estados miembros de la ONU implicados.

La Vía Campesina expresó mediante su comunicado de febrero: «después de conocer a la señora Kalibata durante el Foro de Agricultores del FIDA (FAFO 2020), seguimos profundamente preocupados por la legitimidad y el proceso de la Cumbre de Sistemas Alimentarios de 2021 y por el enfoque de la Enviada Especial de la ONU. Aunque reconocemos y agradecemos la presencia de la Enviada Especial de la ONU en la FAFO para escuchar las preocupaciones de los productores de alimentos a pequeña escala, lamentamos informar que se levantaron varias banderas rojas en la sesión. En primer lugar, nos sorprendió su falta de conciencia sobre el mandato político y la importancia de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos y Otras Personas que trabajan en las zonas rurales (UNDROP), promovida por LVC y las organizaciones de pequeños productores y que fue negociada por LVC y organizaciones de pequeños productores a lo largo de casi dos décadas, hasta su adopción por la Asamblea General de la ONU en 2018.

«El delegado de La Vía Campesina, Jordan Treakle, de la National Family Farm Coalition, en representación de América del Norte, preguntó a la señora Kalibata: “¿Cómo garantizará la Cumbre del Sistema Alimentario Mundial que UNDROP, y su mandato político que promueve un enfoque basado en los derechos, sea parte integral del enfoque y de los resultado de la Cumbre?” La respuesta de la señora Kalibata fue “es una pregunta interesante… ¿campesino? ¿Qué es un campesino? ¿Qué es eso de los derechos campesinos? Porque no entiendo lo que eso significa para ser honesta contigo”.

»La Enviada Especial de las Naciones Unidas remachó su declaración más adelante en el debate, afirmando que no reconoce a los “campesinos” como grupo de interés, pese a las muchas décadas en que LVC y sus aliados han defendido los derechos de los productores de alimentos (agricultores, pescadores, pastores y trabajadores del sector alimentario) bajo la bandera del campesinado.

»»Aprecio por completo lo que hacen y me aseguraré de que se escuche. Sólo quería subrayar […] lo que dije antes: la palabra que se usó no es cómo veo a los agricultores […] Los agricultores son agricultores, es un negocio para nosotros, no queremos caridad, no queremos ser dignos de compasión, no queremos nada de eso. Nos vemos como gente de negocios. Así que lo siento si la palabra significa algo más para ustedes, para mí significa algo que crecí sin apreciar”, dijo la señora Kalibata»

También afirmó que no estaba trabajando para la ONU, aumentando aún más nuestras preocupaciones sobre su imparcialidad y su voluntad de separar su experiencia en agronegocios de este papel de Enviada Especial de la ONU.

Los dos escenarios expuestos: la dinámica territorial del campo colombiano y el debate constante en el espacio político, son sólo dos ejemplos claros de lo que está aconteciendo en el marco de la necesidad de construir la soberanía alimentaria y los trabajos que han venido emprendiendo las más de 500 organizaciones de 80 países luego de haber publicado en febrero del 2007 la Declaración de Nyéleni.

Sin lugar a dudas existen otras situaciones violentas de despojo de los territorios, como las que ocurren en Paraguay con la expansión de los cultivos de soja, los debates políticos que se dan en los diferentes países de nuestra región frente a la implantación de políticas que permiten la introducción de semillas transgénicas y el mercado de patentes; todas estas situaciones ponen sobre el mapa la necesidad de seguir buscando los caminos para que como pueblo se tenga la conciencia sobre el impacto del mercado financiero internacional sobre la agricultura.

Es por ello que, como organizaciones sociales, es necesario seguir trabajando para poder tener una cumbre de sistemas alimentarios donde se incorpore al campesinado, ya que somos los responsables de mas de 80% de los alimentos que consume la humanidad. También es necesario que como sociedad en general no permitamos la criminalización de las luchas que se hacen desde el campo por mantener los sistemas de producción de alimentos campesinos. Es fundamental seguir trabajando por la construcción de nuestra agroecología con un enfoque territorial y, sobre todo, una agricultura desde la autodeterminación de los pueblos.

Con la situación expuesta desde la problemática territorial hasta el panorama y debate en el marco de la ONU, se considera de vital importancia que los trabajadores de la ciudad, las comunidades afro, campesinos y campesinas, pescadores, pueblos indígenas, comunidades LGTBI, agricultores familiares, pescadores tradicionales, pueblos sin tierra, trabajadores rurales, migrantes, pastores, comunidades forestales, mujeres, niños, juventud, consumidores, movimientos ecologistas y urbanos, emprendamos acciones en todos los escenarios para que sea reconocida y materializada la agroecología con base campesina, la soberanía alimentaria y la Declaración de los Derechos Campesinos. Es importante expresar, a la vez, la necesidad de que reconozcamos que la soberanía alimentaria es algo que se tiene que reclamar como sociedad en general. Los y las protagonistas de la construcción de un sistema alimentario que favorezca a los más desprotegidos, acabe con el hambre y enfríe el planeta, son la población trabajadora y no las grandes corporaciones. Por este montón de razones seguimos diciendo que:

¡Es hora de la soberanía alimentaria!

Fuente: Biodiversidad, sustento y culturas #106

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