La reciente autorización del gobierno cubano para la investigación, producción, uso y comercio internacional de organismos genéticamente modificados (OGM) ha revivido una polémica que se inició hace más de una década, cuando se sembraron por primera vez en la isla tres hectáreas de maíz transgénico con fines de investigación.

El Decreto Ley  № 4/2020, promulgado el 23 de julio, prevé la creación de una Comisión Nacional que se encargará de adoptar decisiones relacionadas con los OGM, según explicó a la prensa local Antonio Casanova Guilarte, director de control ambiental de la Oficina de Regulación y Seguridad Ambiental del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA).
 
La Comisión será presidida por el CITMA y tendrá a los Ministerios de Salud y Agricultura entre sus integrantes. La nueva entidad tendrá jurisdicción sobre todas las actividades del sector agrícola que involucren OGM. Durante la conferencia de prensa se informó, además, que entre los cultivos a promover por esta alternativa estarían el maíz y la soja.
 
Al anunciar el Decreto Ley a la prensa nacional, Armando Rodríguez Batista, viceministro del CITMA, definió la política sobre el uso de transgénicos en Cuba como “una alternativa para desarrollar la productividad, coherente con una agricultura sostenible y la soberanía alimentaria, sobre la base de la investigación autóctona”.

Sin embargo, para Silvia Ribeiro, responsable de programas del  Grupo ETC, “es una decisión para nada compatible con un desarrollo agrícola sostenible, social, económico y ambiental, ni en Cuba, ni en ninguna otra parte del mundo”.
 
El Grupo ETC monitorea el impacto de las tecnologías emergentes y las estrategias corporativas sobre la biodiversidad, la agricultura y los derechos humanos en diversas partes del planeta.

Al comentar sobre el maíz transgénico producido en Cuba, Ribeiro puntualizó a SciDev.Net por correo electrónico que “los cultivos Bt –que se decía usarían menos agrotóxicos– probaron que las plagas se han hecho resistentes en muchos casos”. Ella es coautora del libro Transgénicos en Cuba. ¿Qué se gana? ¿Qué se pierde? Textos para un debate, publicado en 2009.
 
La decisión se toma en un momento difícil para la economía cubana, en medio de una crisis de abastecimiento de alimentos básicos agravada por la pandemia del nuevo coronavirus.
 
Según el gobierno cubano, el impulso a la producción de OGM a partir de semillas transgénicas producidas en el país ofrece sostenibilidad a esa práctica.
 
Informes periodísticos señalan que el país gasta más de USD 500 millones en la importación de materias primas para alimento animal y concentrados (solo en maíz más de USD 200 millones).
 
El vice titular del CITMA defendió la medida señalando que los OGM “son bienes creados en Cuba y una opción para la producción de semillas para el avance agrícola, lo cual hace que esta política sea completamente coherente con un desarrollo sostenible”.
 
Sin embargo, Alcides Carrazana, investigador y agroecólogo residente en las afueras de la ciudad de Bayamo –a más de 700 kilómetros de La Habana– puntualiza que no existe “transgénico bueno o transgénico malo”.
 
Vía WhatsApp, Carrazana dijo a Scidev.Net que “transgénico, químico, mecanización y extensión de cultivo es la antítesis de la soberanía alimentaria, de la sustentabilidad y del desarrollo sustentable a mediano plazo”.

En un  artículo publicado en la plataforma OnCuba el economista cubano Juan Triana se pregunta si en la isla sería posible “cambiar el paradigma tecnológico que acompaña el cultivo transgénico a escala mundial”, y “lograr semillas que no requieran el uso masivo de glifosato o de glufosinato de amonio”.

Décadas de investigación en transgénicos

La investigación con OGM en Cuba comenzó en los años 80, cuando el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) impulsó estudios en transgénesis de plantas. En diciembre de 2008 se sembraron tres hectáreas de maíz FR-Bt1 en el Valle de Caonao, ubicado en la central provincial de Santi Spíritus, en la zona central del país.
 
A partir de ese momento surgieron varios debates sobre la pertinencia de emplear o no los cultivos transgénicos como alternativa para aumentar la productividad agrícola en el país, una necesidad que ha crecido en medio de la situación actual, cuando las restricciones del embargo de Estados Unidos contra Cuba han aumentado.
 
Durante la presentación del nuevo Decreto-Ley, Rodríguez Batista dijo que “entre los principios fundamentales de esta política está el incorporar el uso ordenado y controlado de los OGM en los programas de desarrollo agrícola, como una alternativa más para incrementar la productividad”.
 
Sin embargo, Ribeiro aseguró que los transgénicos, “en promedio rinden menos que los híbridos ya existentes y usan mucho más agrotóxicos, que además son derivados de petróleo y serán de alto costo en Cuba”.

Fuente: SciDev.Net