En medio de una pandemia global, una pequeña actualización de la crisis climática y ecológica. Ya son un poco más de tres meses desde que la OMS declaró oficialmente a toda esta crisis epidemiológica como “Pandemia”. A partir de ese momento, casi todos los países a nivel mundial fueron forzados a tomar medidas que implicaban necesariamente un encierro completo, o cuasi completo de sus respectivos habitantes, lo cual también está relacionado con un cambio en el estilo de vida.

Mucho se mencionó que toda la lógica del encierro en cuarentena a nivel global, trajo algún tipo de consecuencias positivas a nivel ambiental y climático: los canales de Venecia volvieron a estar limpios, los satélites indicando una cierta caída del óxido de nitrógeno, animales salvajes volviendo a sus respectivos hábitats, etc.

No existe duda alguna de que la crisis del coronavirus modificó de alguna y otra manera nuestro “modo de consumo”, por lo tanto de manera directa, ciertos indicadores ambientales y climáticos también fueron arrojando resultados de algún u otro modo “positivos”. Ahora bien, estos mismos indicadores deben ser analizados desde un contexto de “crisis climática” y a largo plazo, para poder comprender si realmente esto contribuye a frenar las consecuencias del cambio climático.

Para exponer esta idea de otra manera, solo ciertos sectores económicos disminuyeron sus emisiones a nivel global, otros sectores siguieron con su curso “normal” de contribución de Gases de Efecto Invernadero. Esta reducción de gases a nivel global está más relacionada a los sectores de “transporte” (emisión de automóviles y aviones), y en cierto modo las industrias. Sin embargo el hecho de que gran parte de la población se encuentre en cuarentena, por lo tanto recluida, no quita el hecho de que otros sectores sigan el mismo patrón de contaminación en todo su espectro.

El Director del Instituto Goddard de la NASA, “Gavin Schmidt” menciona que aunque reduzcamos de 10 giga toneladas de GEI en el 2019, a 8 Giga toneladas en el 2020, la tierra tiene una capacidad de absorción natural de 2 giga toneladas anuales, lo cual nos deja con 6 giga toneladas que nuestro planeta no puede procesar.

Ojo con la idea del “respiro climático y ambiental” por el “efecto cuarentena”. Esta idea que el mundo respiró en términos climáticos y ambientales durante la actual pandemia, es bastante peligrosa, ya que plantea que los únicos responsables de todo tipo de contaminación a nivel global, somos nosotros individualmente hablando, teniendo en cuenta que la reducción de autos, vuelos, y ciertas industrias relacionadas al modo de consumo, produjeron una disminución de su contribución en lo que polución atmosférica y ecológica se refiere. No abarca la idea de que los otros sectores, como el agricultura, cambio de usos de la tierra, y gran parte de la producción de electricidad a base de carbón (el consumo de electricidad en hogares aumentó durante la pandemia) siguieron su curso normal pre-pandemia.

Si bien es cierto mencionar que hubo una reducción en la contaminación, y que esta está relacionada a nuestro modo de consumo (forzada a cambiar por la pandemia), es también necesario plantear que los demás sectores relacionados al “modo de producción”, en particular los sectores de agricultura y cambio de uso de suelo (las contribuciones de estos sectores en particular abarcan un aproximado de 25 a 30% de los GEI a nivel global, y están directamente relacionados al avance de la frontera agrícola y ganadera) no pararon en lo absoluto. Dicho de otro modo, la cuarentena global no alteró mucho el desbalance atmosférico, producido por la sobrecarga de GEI presente en nuestro planeta.

«La gente puede sorprenderse al escuchar que la respuesta al brote de coronavirus no ha hecho más para influir en los niveles de CO2”, indicó el geoquímico Ralph Keeling, quien dirige el programa de Oceanografía Scripps en Mauna Loa. “Pero la acumulación de CO2 es un poco como la basura en un vertedero. A medida que seguimos emitiendo, se sigue acumulando. La crisis ha ralentizado las emisiones, pero no lo suficiente como para aparecer perceptiblemente en Mauna Loa. Lo que importará mucho más es la trayectoria que tomaremos al salir de esta situación».

Es también necesario recordar que el informe “brecha de emisiones”, elaborado por la ONU en el 2019, menciona claramente que los compromisos asumidos en el Acuerdo de París no son suficientes, y que los países deben plantearse metas más ambiciosas para poder cumplir con la meta de los 1.5C°. Esta crisis global provocada por el COVID-19, nos ejemplifica claramente que para llegar a esas metas ambiciosas es imperativo también modificar la forma en la que el mundo “produce” y no solo en la que se “consume”.

La crisis climática sigue azotando la tierra en plena pandemia

Temperaturas récord, incendios forestales, entre otros fenómenos, siguen azotando el planeta tierra durante la pandemia. En Siberia se registró 38 C°, la temperatura más alta de su historia.

La localidad rusa de Verjoyansk cuyas temperaturas en invierno pueden llegar a los -70 ºC, registró el pasado sábado 38 ºC, la cifra más alta de su historia, sobrepasando su anterior récord de 37,2 ºC.

Estos no son datos menores, ya que representa un mayor peligro en el derretimiento de los árticos, amenaza principal del deshielo del permafrost (la mayor reserva de dióxido de carbono y metano en la tierra). La crisis Climática no ha entrado en cuarentena.

Fuente: Base Investigaciones Sociales (BASE IS)

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